Repartes exactamente igual que siempre, en tu misma app. Le sumas la Caja de Luz atras. Te pagamos por cada hora conectado y por cada kilómetro — aunque estés detenido esperando pedido.
Imagen referencial del montaje. Parrilla apernada al chasis + panel retroiluminado con gráfica impresa.
Retroiluminada. A las 9 de la noche, cuando más pedidos hay, es cuando más se ve.
Va sobre la parrilla, detrás del asiento. Tu bolsa de reparto sigue en su lugar.
Gratis y en un rato. No pones un peso ni te complicas con nada.
Sin letra chica. Esto es lo que paga el sistema:
Aunque estés detenido esperando pedido. Uber no te paga esa espera. Nosotros sí.
Medido por GPS, sin que tengas que anotar nada.
Vitacura, Las Condes, Lo Barnechea y Providencia pagan el doble. Ahí el cartel vale más.
Queda anotado como tuyo. Las regalías de equipo salen de ahí.
Todo se suma solo en tu panel. No tienes que reclamar nada ni pelear con nadie: si el GPS estuvo prendido, está contado.
No te cobramos un porcentaje de lo que ganas repartiendo. Lo nuestro es plata encima de lo que ya ganas. Nadie te mete la mano al bolsillo.
Repartes donde quieras, cuando quieras, en la app que quieras. No damos órdenes ni horarios.
Ni cuenta bancaria para inscribirte, ni acceso a tu cuenta de reparto, ni depósito de garantía. Cero.
Sin aviso previo, sin multa, sin explicaciones. Devuelves el equipo y listo.
40 segundos desde el teléfono. Nombre, WhatsApp, comuna y en qué andas.
Coordinamos por WhatsApp y te montamos la Caja de Luz en la parrilla. Gratis, y en un rato.
Una foto rápida del equipo puesto —como cuando dejas un scooter Lime— y a repartir. El GPS cuenta solo.
Horas, kilómetros y escaneos, actualizado en vivo. Te pagamos por transferencia.
Cada marca compra una zona. Cuando esa zona se llena, se cierra. Los que entran primero agarran las campañas que van saliendo.
Gratis. Sin contrato de trabajo, sin jefe, sin horario.